Sobre el autocontrol

Hay una frase que escucho a menudo cuando alguien me realiza una consulta “mi perro hace lo que quiere”, al preguntar a qué se refieren suele ser el perro no “hace caso” o que no tienen buena relación con él.

Resulta complicado pensar que un perro, que en el horario que nos apetece sale a pasear, come, juega, cuando nosotros lo creemos conveniente va suelto o atado. Pasea en los lugares que decidimos, tiene los amigos caninos que nos parecen adecuados y no siempre se le “permite” por ejemplo, llegar a ese olor tan apetecible… “haga lo que le de la gana”. A esto hay que sumarle que nos gusta y creemos conveniente que nuestro perro tenga un excelente control de impulsos y reacciones.

Una y otra vez se le enseña al perro a controlar los impulsos “a la orden”: toma – deja, junto, ven, mira, suelta, sienta, tumba, espera, son las palabras habitualmente empleadas por todos, incluso por los que jamás enseñaron al perro que cuando dicen sienta quieren que se siente. El planteamiento de enseñar autocontrol para dejar de controlar no es malo, pero fácilmente se cae en la trampa de decir que enseñamos las normas para la convivencia de forma amable, teniendo en cuenta sus niveles de estrés, sin castigos, etc. pero no dejamos de controlar –en este caso mediante el entrenamiento– que el perro se “autocontrole”. ¿Se autocontrola u obedece?

Es interesante que cada vez más personas consideren más importante enseñar autocontrol que controlar ¿pero cómo, de qué manera? Dejando que el perro tome decisiones en vez de imponerlas, ello hace que a veces la persona pueda sentir un pequeño fracaso al no ser las decisiones de su agrado, inmensa alegría cuando lo son, y gratas sorpresas de las que se puede aprender mucho.

No podemos olvidar que las personas deciden: cuando y donde pasean, si van sueltos en algún paseo, horario de comida, amigos caninos a los que acercarse, olores en los que entretenerse…

Nosotros mismos estamos inmersos en una rueda donde no siempre podemos tomar las decisiones que nos gustaría, sin embargo, decidimos “libremente” dentro de los límites que tenemos impuestos, tenemos opciones. No es entonces tan distinto lo que pretendemos de ellos.

¿Se puede decidir aun con barreras que limitan la libertad de decisión?

¿Se puede ayudar a gestionar los límites?

¿Qué pequeñas decisiones nos ayudan a sentir que “decidimos”?

¿Qué pequeñas decisiones nos ayudan a sentir “que deciden”?

Es interesante revisar hasta que punto controlamos la vida de nuestros amigos caninos, tomar un día de ejemplo y desglosarlo poco a poco para ver donde podemos intervenir, o mejor dicho, dejar de intervenir.

Está muy bien enseñar normas para convivir, y es genial hacerlo de forma amable, pero no deberíamos quedarnos en ese paso…

Autora: Cinta Marí, 2011

Publicado en la Revista REC+ nº 8

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