¿La raza importa?

“El concepto de epigénesis establece que el comportamiento y la naturaleza del individuo, igual que otras características fenotípicas, son consecuencia de la interacción del ambiente y del genotipo individual. El genotipo se fija en la concepción, pero el ambiente cambiante, tanto si ocurre de forma natural como por manipulación deliberada, afectará tanto al genotipo, como a la experiencia previa, para alterar el fenotipo” (Mills, 1997)

¿LA RAZA IMPORTA?

Es importantísima la educación de los perros, y necesaria. La educación es la base para que se puedan adaptar a casi todo tipo de situaciones, pero tener solamente presente esta parte nos deja lejos del bienestar animal… Bien, cada individuo es único, la educación es importante, y la genética (queramos o no) también, por lo que no podemos dejar a un lado la genética.

UN CAMBIO QUE NOS SATISFACE

Los perros nos acompañan a lo largo de las civilizaciones, en algún momento se adaptaron a nuestros poblados, y en algún momento empezaron a ser una herramienta de nuestro uso y disfrute…

Las personas comenzamos a exigirles comportamientos y aspectos determinados, criándolos para ello. Moldeamos desde su tamaño hasta su tolerancia a las caricias, sin olvidar los dientes, el comportamiento, color, etc. Por supuesto, todo de nuestro agrado.

Razas naturales o selección artificial, el hecho es que hoy en día conocemos cientos de razas caninas, incluso algunas con graves problemas como: machos que no pueden fecundar hembras, hembras que no pueden tener un parto natural por el tamaño de la cabeza de los cachorros, perros con dificultades respiratorias, problemas de espalda, de cadera, malformaciones genéticas, etc.

“Existen cientos de razas de perro. Cada una tiene una conformación definible, una uniformidad de tamaño, forma y comportamiento – un estándar de raza -. Podríamos darle a cada una su propia designación.” (Coppinger, 2001)

La conducta de nuestro perro será la combinación entre la genética y la educación. Siendo ambas fundamentales, no podemos olvidarnos de ninguna.

¿LAS APARIENCIAS ENGAÑAN?

Pensemos en los perros seleccionados para tareas concretas de antaño, ¿para qué eran eficientes?, ¿en qué se han convertido aquellos guardianes, cazadores, rastreadores, avistadores, guerreros, de combate y de tierra?

¿Entra en esa descripción nuestro Pastor Alemán, Bretón, Sabueso, Galgo, Mastín, Bull Dog o nuestro pequeño Terrier?

Actualmente la F.C.I. los divide en 10 grupos que se pueden consultar en su página web http://www.fci.be/es/Nomenclature/

Lejos de ser una opinión, es una evidencia que hay diferencias importantes entre estos grupos de perros, más allá de la morfología. La selección para desempeñar funciones concretas favorece rasgos de la conducta y la diferencia comportamental.

Esto, llevado a nuestros perros “de compañía” puede traducirse en cosas que nos llaman la atención o incluso en lo que denominamos problemas de comportamiento.

VEAMOS ALGUNOS EJEMPLOS

 Hay una raza que “nos satisface” y criamos porque lo suyo es trabajar, trabajar y trabajar, y disfrutar de ello, dando como resultado un más que excelente perro de trabajo con una gran necesidad (creada por nosotros mismos) ¿Puede ser feliz un Pastor Belga Malinois que no trabaje? Puede que sí, puede que no. ¿Puede buscarse otro trabajo que hacer como comerse algún muro o mueble? Puede, y seguramente lo haga, entonces diremos que es un problema de comportamiento… ¿Puede ser más feliz, e incluso equilibrado si respetamos su singularidad? Sí, seguro.

De aquellos magníficos perros que nadaban para traernos las presas tenemos a nuestros geniales, sociables y amigables “culos andantes que pasean peluches” , nuestro querido Labrador Retriever, al que le da igual que sea invierno o verano para ¡¡meterse en todos los charcos!!

Me extrañaría que no conocierais a ningún Border Collie que pastoree niños… Aunque espero que conozcáis a más que no lo hagan, aun así, conservarán sus movimientos, su cautela, su predisposición a jugar / aprender / colaborar, aprovechémoslo.

“Mi perrito se pone a oler, encuentra un rastro y ya le puedo llamar que no vuelve” podría decir alguna persona que vi-viera con un Beagle, por ejemplo.

¿Por qué parece que los perros de caza (en general) adoren a cualquier persona? Quizá porque hasta hace bien poco los cazadores se los prestaban, y debían trabajar para cualquiera, a la par que ser sus amigos.

Y aunque haya Terriers más grandes, permitidme hablar de los pequeños, esos que “cualquiera” tiene de compañía. Esos perritos que no siempre son amigables, que ladran (a veces parece que chillando), esos mismos a los que se les acortaron las patitas para que sacaran mejor a las presas de las madrigueras… Esos pequeños, osados y sin vergüencillas son ahora perros de compañía, no es extraño escuchar “es muy escandaloso y me tiene las macetas… “

¿Quiere decir esto que todos los perros de una misma raza tienen que tener la misma actitud? Por supuesto que NO, pero tenemos que tenerlo en cuenta y no cerrarle la puerta a sus necesidades.

La educación que damos a nuestros perros es importantísima, pero no podemos olvidar que, a través de generaciones, muchos están prepara-dos para llevar a cabo una determinada tarea, y muchas veces, aún con buena voluntad, podemos ser responsables de sus carencias y encontrarnos “sorpresas” con su comportamiento.

La formación es necesaria cuando tratamos con cualquier perro, esa es la principal base, y partiendo de ahí, sabremos que, aunque cada individuo es único y la educación es importante, es obvio que no podemos dejar a un lado la genética.

Saber su pasado nos ayudará a mejorar su presente.

Cinta Marí, 2016

Publicado en REC+ 22

 

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